
La oficina donde trabaja López también tiene regustillo ochentero, así como la novia / compañera de universidad y ahora de trabajo...
Me reí bastante (lo cual es difícil), de los exagerados estereotipos como el vasco de caserío (que me volvió a recordar las exageraciones de «8 Apellidos vascos») hasta lo cutres o afanadores que somos los españoles, que nos aprovechamos cual Lazarillo de Tormes (picaresca española), cualquier cosa (López, al principio, vé útil como chatarra o piezas la nave donde cae el bebé que adoptarán como Super López).
No esperéis nada que no sepáis, porque es una adaptación española cañí del héroe de acero... pero he ahí la gracia: el verlo todo tan cutre y español, y saber reírnos de nosotros mismos
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